Por Ricardo Torres
De acuerdo con la lectura de Esteve (2003), coincido en cuanto a que “nadie nos enseña a ser profesores y tenemos que aprenderlo nosotros mismos por ensayo y error”. La anterior aseveración resulta de reconocer que en la carrera para la cual fui preparado; la de cirujano dentista, me dio los elementos científicos y tecnológicos para el ejercicio profesional, pero no así para el caso del ejercicio docente; hecho que desarrollé en la propia facultad de odontología de la UNAM hacia los años de 1982 a 1994, y en el Centro de Estudios Tecnológicos Industrial y de Servicios No. 1 del Distrito Federal (DGETI) de 1984 a la fecha. En este último ingrese debido a que en ese momento pensaba que "Cualquiera podría ser maestro".
Afortunadamente pronto me dí cuenta que ser profesor requería de algo más que la simple acepción de decir que "cualquiera puede enseñar" y en ese momento reflexioné que necesitaba contar con los elementos metodológicos y conceptuales que me permitieran hacer una labor que me ayudara a "enseñar". Ahora me doy cuenta, tal y como lo expresa el mismo Esteve (2003) en su ponencia presentada el 4 de febrero, en las XXXI Jornadas de Centros Educativos de la Universidad de Navarra “…., uno puede aburrirse enormemente y vivir con una gran ansiedad, o puede disfrutar y vivir con gran pasión lo que sus alumnos descubrirán día a día en sus clases”.
Con el paso del tiempo, y con esta premisa, siento que ser profesor requiere de los conocimientos y destrezas que permitan hacer que los alumnos aprendan para la vida y profesionalmente. Y para lograrlo se requiere tener una actitud positiva, asertiva y de actualización, tanto disciplinaria como orientadora.
Lo escrito anteriormente me ha hecho reflexionar y encontrar un gusto que difícilmente puedo explicar sobre el significado de ser docente, porque para ser docente, según yo, como mínimo se requiere de la preparación disciplinaria y psicopedagógica necesaria para serlo. Aquí las propias opiniones de Esteve (2003), aclaran que para ser un maestro “de humanidad” se requiere, antes que otra cosa, incentivar la inquietud estudiantil y descubrir el valor del conocimiento que los alumnos necesitan aprender y, para lograrlo, sugiere otra tarea docente que consiste en la promoción a partir de la cual ellos mismos realicen observaciones de lo que les ofrece la realidad que les rodea e indiscutiblemente, se requiere hacerlos pensar durante su proceso de aprendiz. También en su escrito Esteve (2003), considera de vital importancia que el docente necesita preguntarse cómo hacer que los alumnos conozcan y aprendan los contenidos que se introducirán en una clase, porque como dice Freire (1994) “enseñar no existe sin aprender”. Y aclara “El aprendizaje del educador al educar se verifica en la medida en que el educador humilde y abierto se encuentre permanentemente disponible para repensar lo pensado,…” (Freire, 1994).
En este contexto, puedo decir que satisfacciones, tengo muchas; por ejemplo: ver que los estudiantes, a pesar de tener demasiadas limitaciones y problemas familiares y sociales, logran cumplir con las exigencias que como profesor impongo, y que muchas veces ni siquiera las someto a consenso con ellos para tomar decisiones y/o acuerdos grupales, sin embargo, y de acuerdo con Esteve (2003), lo que importa no es, sino encontrarle un verdadero gusto a las actividades de docencia, actualizando el conocimiento de la disciplina que enseñamos y con una actitud pedagógicamente posible o, con miras a lo que él llama renovación pedagógica. Asimismo, “al enseñar…” dice Freire (1994), “…no debemos hacerlo “…como burócratas de la mente…”, más bien se requiere de la reconstrucción de los caminos de la curiosidad sensible de los alumnos, e insiste, “enseñar enseña al educador a enseñar un cierto contenido…”, pero “…con la competencia necesaria para hacerlo”. (Freire, 1994).
Por otro lado puedo decir que siempre he reconocido insatisfacciones, de las cuales puedo citar, en primer lugar, las que tienen que ver con lo que no me ha sido posible lograr durante la conducción de los alumnos, como es el hecho de que, en el caso de algunos de ellos, no se vean motivados a estudiar para aprobar las materias que imparto. Otros ejemplos hacen referencia a los tiempos y espacios en los que se dan las clases; aulas deterioradas y sucias, falta de equipamiento en laboratorios, etc.
Otras veces, la política educativa considero que no es la pertinente y me crea insatisfacciones. Sin embargo, para coadyuvar la tarea en todo este tipo de situaciones insatisfactorias, me pongo a buscar los recursos, las formas y los procedimientos que puedan servir, a fin de lograr el objetivo educativo.
Con lo dicho, Esteve (2003) agrupa las dificultades que todo docente afronta, pero que pueden irse corrigiendo con las siguientes sugerencias:
Descubrir la propia identidad profesional.
Sí bien es cierto que existen muy diversas problemáticas sociales y educativas entre los alumnos y que difícilmente se pueden controlar, y sí también es cierta la inadecuada vocación del profesorado, porque se formó en una carrera distinta a la de ser docente, entonces cierta es la existencia de estrategias que se pueden adaptar a las necesidades de los alumnos y de los profesores, es decir, por un lado el maestro necesita considerar aspectos de lo que “debe hacer”, lo que “debe pensar” y lo que “debe evitar” durante su ejercicio profesional, y por el otro, renovarse pedagógicamente con el único objetivo que significa la transmisión de “…los valores y las certezas que la humanidad ha ido recopilando con el paso del tiempo,…” Esteve (2003).
Buscar una adecuada interlocución comunicativa e interactiva.
El profesorado, al ser un formador y, por tanto, un comunicador, requiere del conocimiento y dominio de las técnicas básicas que ofrece la comunicación entre las personas, de las diferentes formas de expresión y de los códigos y canales de comunicación, porque es un intermediario entre los alumnos y la ciencia que enseña.
Buscar disciplina.
Sí se sabe que siempre han existido conflictos grupales, entonces el profesor puede encontrar una forma organizada para resolverlos, a fin de lograr un orden productivo durante el proceso enseñanza aprendizaje, es decir, necesita dejar de lado el supuesto de dominar exclusivamente el contenido de su asignatura y atender nuevas funciones, delimitar responsabilidades, discutir y negociar sistemas de trabajo y de evaluación dedicando el tiempo requerido para que el grupo trabaje en un ambiente adecuado de aprendizaje.
Buscar la adaptación de los contenidos de enseñanza.
Muchas veces el profesor cree que los alumnos entienden el contenido tal y como se los enseña, y no considera que cada persona tiene diferente forma para aprender. Aquí la sugerencia para él es conocer los diferentes estilos de aprendizaje, adecuando los contenidos de enseñanza con un enfoque asequible para lograr el mejor aprovechamiento de los mismos, o como bien dice Freire (1994): “También hay que dejar bien claro que existe una relación necesaria entre el nivel del contenido del libro y el nivel de capacitación del lector”.
martes, 9 de diciembre de 2008
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